Es un tópico o un cliché de varias formas de pensamiento del “New Age” el afirmar que tenemos la capacidad de “crear” nuestra propia realidad. También se ha promovido este pensamiento en diversas versiones de divulgación  de la física cuántica, muy parciales. Hay que tener presente, de partida, que la física cuántica opera al nivel de las partículas sub-atómicas, es decir, un nivel infinitesimal de la realidad, que se sujeta, en ese nivel, a algunas leyes  que no son idénticas, o no tienen idéntica aplicación, que la realidad en general.

En gran medida, se trata de una “ilusión” (Neptuno). El arquetipo de la creatividad, y de la “co-creación”, es Leo, el Sol, la Casa V. El Nodo Norte de Neptuno, desde el siglo IX d.C., está de hecho en Leo, reflejando el propósito colectivo de crear esta ilusión, con la finalidad de purgarla. La mayoría de nosotros, además, nacimos con el sextil de Plutón con Neptuno. Este sextil Plutón-Neptuno se correlaciona con la co-creación de la realidad, pero tratándose de un sextil de la fase Creciente, requiere de una profunda internalización, a fin de descubrir interiormente cuál es el sentido y el alcance, y la realidad (fase Creciente) de esta intención evolutiva colectiva e individual.

No se trata de una idea totalmente falsa, o totalmente errónea. Más bien, es delusoria. ¿Por qué? Porque dicho poder es totalmente relativo a determinados parámetros. Hay que recordar que no estamos en un universo causal, sino en un universo material. La creación pura mediante el pensamiento opera ‘plenamente’ en el universo causal: por eso no vemos dinosaurios en el jardín, aunque pensemos en ellos, como decía Jeffrey Wolf Green. El universo material está sujeto a una serie de condicionantes. En el lugar que ocupamos, dentro del plano material, estamos sujetos a la limitación espacio-temporal. La limitación espacio-temporal se correlaciona astrológicamente con el arquetipo de Saturno, y Capricornio. Saturno, y Capricornio se correlacionan, entre muchas otras cosas, con lo que se denomina “realidad”. Dentro de esto, se correlaciona con la forma en que la realidad es “creada” y “sostenida” colectivamente (la inconjunción natural en el Zodíaco entre Leo y Capricornio), mediante el intento colectivo. Se requiere de mucha energía-un intento muy poderoso- para mantener en su lugar el mundo tal como lo conocemos, operando dentro de ciertos parámetros: fuerzas que no provienen únicamente de las conciencias humanas. Estos parámetros corresponden a una forma específica de vigencia de Leyes Naturales universales (Sagitario, Júpiter), condicionada por la realidad local, espacio temporal, mediante la Ley Natural de la Gravedad (el gran descubrimiento de Einstein, la Ley de la relatividad-Einstein de hecho fue un firme opositor a la mecánica cuántica).

Dentro de esta realidad local condicionada por la gravedad, la cual determina una forma específica de vigencia o aplicación de las leyes universales-el espacio tiempo- el intento colectivo posee una cierta libertad de crear variaciones dentro de esta realidad fenomenal tal como es percibida localmente. Por esto distintos pueblos en distintos lugares de la Tierra, perciben la realidad de formas diferentes, dentro de un cierto rango.  Y dentro de esta realidad, cada Alma individual posee la capacidad de “crear” o “co-crear” (Leo) su propia realidad (Capricornio), dentro de parámetros individuales. Esta capacidad, y estos parámetros individuales, son una manifestación de la libertad o libre albedrío, tal como se han manifestado, y se manifiesta, en el curso evolutivo de cada conciencia individual. Así mayor libertad, o menor libertad, dependiendo de razones evolutivas individuales: propósito evolutivo, necesidad evolutiva, y karma. El ejemplo clásico que daba Jeffrey Wolf Green, es que, dentro de estos parámetros, por más que él pudiera desear convertirse en presidente de su país, eso no iba a ocurrir, debido a que se presidente no tiene ninguna relación con los parámetros de su realidad personal, creada por los deseos que han definido el curso evolutivo de su Alma a lo largo de muchas vidas, en relación con la realidad de su país.

Los promotores de este tipo de ideas según las cuales podemos realmente crear nuestra realidad, están   mayoritariamente creando, por sus propias ilusiones, delusiones, y delirios personales,  ilusiones, delusiones, y delirios personales para quienes quieren seguir este tipo de ideas, cada cual por sus propias razones. Dentro de estas razones, en la mayoría de los casos, predominan los deseos de situarse por encima de la realidad tal como existe, de tener poder o poderes que simplemente no están disponibles en sus vidas, y en muchos de estos falsos “maestros” existe asimismo el deseo de tener seguidores, de ser considerados como maestros espirituales sin serlo, y de llenarse los bolsillos de dinero. Hay muchos ejemplos de estos “maestros” en estos tiempos actuales (culminación de la Era de Piscis), que reflejan la confusión y las falsas enseñanzas. Muchos de estos “maestros” tienen en sus propias cartas natales, un fuerte predominio del arquetipo de Leo: el deseo de tener seguidores, de estar por encima de los demás, de ser considerados especiales, etc., en síntesis, diversos grados de inflación del ego.

El tipo de limitación de la realidad condicionada (Capricornio) es determinante del tipo de esfuerzo evolutivo que cada Alma individual necesita realizar para evolucionar. Es al mismo tiempo una limitación del tipo de poder que cada Alma individual puede tener en este plano, y en este Planeta. Simplemente piensen en qué uso le darían a un poder ilimitado para crear realidad el tipo de individuos que, incluso dentro de los parámetros existentes, determinan las condiciones materiales (económicas) que actualmente se imponen en el Planeta para la mayoría de personas que viven aquí- conciencias que están definidas por su auto-interés exclusivo y excluyente. Por esto, se requiere un inmenso nivel de evolución –inimaginable para la mayoría de nosotros-para que un Alma deje de encarnar en el plano material, luego en el plano astral, y “encarne” en un universo del plano causal, en el cual sí existe el poder pleno de crear realidades.  Es necesaria una tremenda evolución-y purificación- de la naturaleza de los deseos personales- para tener un poder así. Jesús está actualmente en el plano causal. Otros grandes maestros de la humanidad-Avatares, Almas plenamente realizadas en Dios-están aún en el denominado plano astral, evolucionando mediante la purgación de sus deseos residuales de separación, en ese plano. La evolución espiritual requiere una progresiva expansión de la conciencia individual, para seguir operando dentro de los parámetros propios de la realidad de cada Alma. Como dicen los monjes Zen, “antes de la iluminación, anda a cortar leña: después de la iluminación, anda a cortar leña”.

Asociada a este tipo de ‘iusiones’ sobre la naturaleza de la capacidad para crear realidades, que se traduce en ilusiones sobre la naturaleza de la  vida espiritual, está también aquella según la cual un ser verdaderamente ‘consciente’ o ‘iluminado’ o ‘realizado en Dios’, necesariamente creará para sí una vida de plenitud física y material, incluyendo salud, riqueza o éxito. Esto simplemente no es verdad. Tales condiciones dependen o están condicionadas, igualmente, por el mismo tipo de razones: necesidad evolutiva, y karma.