“Argumentum ornithologicum

Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido, su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo Dios existe.”

Borges escribió muchas veces sobre la metempsicosis o transmigración de las Almas, y sobre la reencarnación. Quizás no sabía, sin embargo, que antes de nacer en la vida en que fue Borges, ya había elaborado esta demostración de la existencia de Dios. Había construido el argumento, y variaciones, acaso innúmeras, del argumento. También lo había desechado, no por erróneo o incompleto sino por baladí: la certeza del razonamiento no conseguía mover siquiera un ápice su Alma hacia Dios, que se dejaba demostrar, pero no poseer, mediante la razón lógica. Por ello alguna vez pudo decir de Dios, a pesar de esta ”prueba”: “¡Es la máxima creación de la literatura fantástica!”.

Esto está demostrado en la carta natal de Borges: Plutón está en la Casa XI, conjunto a Neptuno y al Nodo Sur de la Luna, en la casa XII, todos en Géminis. El regente Mercurio está en la Casa II, en Leo, retrógrado. Mercurio está a su vez conjunto a Venus en Leo, y a su regente, el Sol, que está en Virgo, lo que demuestra que antes de nacer había experimentado la futilidad, y el tedio, de tales ejercicios.

Carta natal de Borges

Neptuno rige la Casa IX en Piscis. Plutón rige la Casa IV en Escorpio. La polaridad de Plutón está en Sagitario. El Nodo Norte de la Luna está en la Casa VI, también en Sagitario, y el regente planetario es Júpiter, que está en la Casa IV, en Escorpio: estos símbolos demuestran el deseo de Borges de tener la experiencia directa, no mediada por la razón, del objeto de sus pasadas y agotadoras cavilaciones.

La conjunción de Neptuno con el Nodo Sur revela en este caso una condición de fruición-el fruto de sus esfuerzos de vidas pasadas. Esta condición de fruición le impuso la tarea de crear una literatura (en que muchos de sus textos exponen su contradicción interior entre la literatura y la vida). También se lo impuso la compulsión a la repetición. También se lo impuso la soledad, la necesidad de la soledad, y el deseo de salir de la soledad. Estos motivos se reflejan en la conjunción Plutón/Neptuno/Nodo Sur en Géminis, en las Casas XI y XII, con el regente, Mercurio, en la Casa II. La tensión entre la literatura y la vida está reflejada también en la oposición de la Luna en la Casa IX en Aries y Marte en la Casa III en Libra.

Fatigó otra vez vastas bibliotecas, y en este afán creyó otra vez, o quiso creer, que el Universo era una Biblioteca, y que el nombre de Dios estaba escrito en caracteres que había que descifrar. La “magnífica ironía” de Dios, de darle “a la vez, los libros y la noche”, refleja la necesidad de su Alma de recogerse dentro de sí para poder experimentar interiormente la realidad que no puede nombrarse porque no está sujeta a la dualidad que es presupuesto del lenguaje-Géminis (el Aleph: “arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aquí mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna…”*).

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