EL CASO SCHREBER – UN ANÁLISIS DESDE LA ASTROLOGÍA EVOLUTIVA
INTRODUCCIÓN
El caso de Daniel Paul Schreber es uno de los más estudiados por el psicoanálisis. Si bien no fue tratado directamente por ningún psicoanalista, dejó escritas sus Memorias de un neurópata, y su historia fue estudiada por personajes principales del psicoanálisis o que tomaron posturas frente al psicoanálisis: Freud, Jung, Melanie Klein, Abraham, Jacques Lacan, Deleuze y Guattari, Elías Canneti, entre muchos otros. En términos muy simples, la historia del “presidente Schreber” es la de un hombre que, luego de llevar una vida “normal” en la que no estuvieron ausentes el éxito y el prestigio social, comenzó a generar una serie de experiencias que se expresaron como un profuso delirio sobre su relación con Dios, y la necesidad de Dios de transformarlo en mujer para la salvación de la humanidad.

Las discusiones originadas en torno al caso de Schreber han resultado de gran importancia para la elaboración psicoanalítica. El estudio de sus memorias resultó fundamental para la elaboración por Freud de su teoría de la paranoia. La polémica que se produjo entre Freud y Jung respecto a este caso puso de relieve diferencias teóricas entre ambos que llevaron a que Jung se apartara del psicoanálisis. Sus diferencias se plantearon en torno a la naturaleza de la líbido. Esta discusión permitió a Freud posteriormente reformular de alguna forma su concepto de líbido, y poner de realce el papel del ego y formular, a partir de su comprensión de la psicosis, una teoría del narcisismo. Otras discusiones sobre este caso tuvieron por objeto la evaluación de los factores parentales en la generación de la psicosis. El análisis de Freud se centró, de acuerdo con sus teorías, en la influencia de la relación con el padre. Figuras posteriores releyeron el caso enfatizando el papel de la madre en el proceso de la enfermedad. Otras discusiones intentaron realzar la importancia de la dimensión social en la producción delirante de Schreber, la cual no habría sido suficientemente ponderada en el análisis de Freud.
En este artículo hacemos un análisis somero del caso Schreber, desde la perspectiva de la Astrología Evolutiva, a con el objeto de mostrar la utilidad que presta para la comprensión de un proceso psicológico, desde la perspectiva específica de la evolución del Alma.
ANTECEDENTES BIOGRÁFICOS
Schreber nació en Leipzig, Alemania en 1842, hijo de una familia educada y que fue intelectualmente influyente durante varias generaciones. Su padre fue un médico connotado y un prolífico escritor y diseñador de un método de educación y entrenamiento infantil. Su niñez transcurrió alrededor de la clínica ortopédica del padre. Más tarde, Schreber se doctoró en Derecho y llegó a ocupar puestos importantes en la magistratura. A los 35 años de edad se casa con una mujer quince años menor que él, aunque no consigue tener hijos, ya que su esposa tiene una serie de abortos espontáneos. Posteriormente adoptan una niña.
A los 42 años, Schreber se presenta de candidato a la cámara de diputados, elección que pierde con cierto estrépito. Atribuye al agotamiento debido a la campaña una primera crisis nerviosa, la cual denomina su “primera enfermedad”. Es internado en la clínica para enfermos nerviosos que dirige el doctor Flechsig. De acuerdo al historial clínico, el día de su ingreso en esta clínica presenta retardo verbal y labilidad emocional y grave hipocondria, manifestando la convicción de ser incurable. Luego manifestará hipersensibilidad auditiva, malestar cardíaco, humor irritable y lábil, pérdida imaginaria de peso. Esta crisis transcurre, según Schreber sin que “sobreviniera ningún episodio con implicaciones sobrenaturales”. Flechsig diagnostica hipocondría. Es dado de alta luego de seis meses de internación. Entre esta crisis y la “segunda enfermedad” transcurren ocho años, que Schreber describe en sus Memorias como excepcionalmente felices, excepto por la falta de la anhelada progenie.
LA SEGUNDA ENFERMEDAD – EL DELIRIO
El comienzo de la “segunda enfermedad” coincide con la notificación de la designación de Schreber como Presidente de la Suprema Corte de Justicia del Reino de Sajonia. En estos días registra el pensamiento de que “a pesar de todo, sería algo muy bello el hecho de ser una mujer en el momento en que es penetrada por el hombre”, la cual le lleva a pensar que si se le hubiera ocurrido esta idea “estando plenamente consciente, la habría rechazado con indignación”, no pudiendo “descartar la posibilidad de que haya actuado una influencia exterior que me impuso esta representación”.
Comienza a sufrir de insomnio y agotamiento, hace un intento de suicidio, y consulta nuevamente a Flechsig, quien lo recibió, según relata Schreber, con un elocuente discurso sobre los avances de la neurología. Es internado otra vez en Noviembre de 1893. Schreber ya sostiene ser “una muchacha asustada por ataques indecentes”.
El 14 de Febrero de 1894 describe una agudización de su estado, durante una ausencia de su esposa de la ciudad por cuatro días, que alcanza un punto culminante luego de una noche en que tuvo un “número inusitado de poluciones (sin duda media docena)”. A partir de esta noche se inician “las primeras manifestaciones de choques con fuerzas sobrenaturales”, la “conexión de nervios” con Flechsig, las “voces interiores” y el proceso de “eviración” o “transformación en mujer”. A partir de este momento, siente también que las “intenciones del profesor Flechsig” hacia él “no eran puras”, ya que no se atreve a mirarlo a los ojos.
Los meses siguientes serán el período más intenso y “sagrado” de su vida. “El tiempo durante el cual mi alma, exaltada por las cosas sobrenaturales que me invadían cada vez en mayor número en medio del rudo tratamiento que soportaba de exterior, estaba llena de las representaciones más sublimes sobre Dios y el orden del Universo”. El aspecto religioso de estas representaciones sorprende a Schreber, ya que éste no se considera “un verdadero creyente en el sentido de nuestra religión positiva”. En estos días, leerá en el periódico su propio aviso de defunción, entendiendo que “jamás habría de retornar a la sociedad humana”.
Inmerso en este “tiempo sagrado”, elaborará “los axiomas inherentes al orden del Universo”, que describen un complejo sistema metafísico y simbólico. El “orden del Universo” es una “construcción maravillosa” que se mantiene en equilibrio. Comienza a hablar de un dios superior y un dios inferior, de Ormuz y Arimán, y luego de una serie de arcontes que proyecta sobre la bóveda del cielo. El equilibrio de este Universo se rompe mediante el “Asesinato del Alma”. En Marzo de 1894, las voces denuncian la crisis desencadenada en los Reinos Divinos a consecuencia de un “Asesinato del Alma”, y Schreber declara que el siglo anterior hubo un asesinato del alma entre las familias Flechsig-Schreber, y que éste vuelve a intentarse.
Schreber siente que su enfermedad le ha hecho mantener relaciones con Dios contrarias al orden del Universo. En el orden del Universo, el Alma aspira, mediante una serie de purificaciones, a una “vida nueva”, la cual constituye un “estado de beatitud”, es decir, de goce ininterrumpido a través de la contemplación de Dios: “esta ebriedad permanente en el goce y al mismo tiempo en el recuerdo de su pasado humano, representa en efecto para las almas la dicha suprema”. Schreber señala que si bien la beatitud masculina es más elevada que la femenina, ésta es una sensación de voluptuosidad ininterrumpida.
EL DIOS DE SCHREBER
El Dios de Schreber está constituido de nervios, infinitos y eternos en los cuales reside su poder creador. Además del habla humana, Schreber distingue “una especie de lenguaje de nervios” del cual el ser humano corriente no es consciente, y al que compara con “las palabras recitadas en silencio”. Las experiencias de Schreber se rehúsan progresivamente a comunicación alguna, y van a requerir de un nuevo lenguaje. Éste lenguaje de Dios será una grundsprache (lengua básica) que Schreber caracteriza como un alemán algo arcaico, con muchas lagunas e incoherencias gramaticales y que se vuelve cada vez más lento, hasta convertirse en susurro permanente sin articulación perceptible.
Dios sólo establece relación directa con humanos en forma excepcional, y ésta se lleva a cabo mediante la “conexión de nervios”. Es a partir del asesinato del alma y la crisis causada por éste que Dios establecerá conexión con Schreber, quien considera que esta conexión depende únicamente de la voluntad de Dios: “la capacidad de maniobrar de tal manera los nervios de un ser humano es propia ante todo de los rayos divinos”.
EL DEVENIR MUJER DE SCHEBER
Al inicio del delirio, Schreber se resiste a su transformación en mujer, la cual siente como un abuso sexual de su cuerpo, como la forma en que Dios quiere “dejarlo tirado”, lo cual debe evitar mediante el pensamiento ininterrumpido. A partir de Noviembre de 1895, sin embargo, Schreber sentirá una voluptuosidad tal que le parece y tener un cuerpo de mujer, al punto de de que “ya no podía evitar seguir ignorando el término inmanente hacia el que se encaminaba todo el proceso”. En Julio de 1896, según registra Flechsig, Schreber le muestra el torso desnudo y le dice que tiene pechos casi femeninos. Llega así a la certeza de que la “eviración” era un imperativo absoluto del orden del Universo y “procurando un compromiso razonable”, aceptará que no le queda otra solución más que “hacerse a la idea de ser transformado en mujer” para ser fecundado por los rayos divinos. Schreber justifica su decisión pidiendo que no existe quien, “frente a la alternativa de volverse loco sin perder sus atributos masculinos o volverse mujer pero sana de espíritu, no optara por la segunda solución”. Considera que esta transformación es un proceso lento, que tomará cientos de años.
Durante toda su enfermedad, Schreber intenta diferenciar al Flechsig real del Flechsig de su delirio. Además, luego del período inicial de “tiempo sagrado” permanentemente se esfuerza por demostrar que se encuentra en condiciones de llevar una vida normal, reasumir sus funciones, y recuperar la administración de sus bienes, ya que su esposa le había sido puesto en interdicción.
En sus presentaciones judiciales, declara no tener intención de convencer a otras personas de la verdad de lo que le sucede: “dejo que el futuro decida si una transformación de mi cuerpo, fenómeno que pertenece a una esfera que se sitúa más allá de toda experiencia, deberá aportar más tarde la confirmación automática que espero”. Ofrece a los médicos su cuerpo para que puedan verificar la realidad de sus alegaciones sobre su cuerpo, el cual “de pies a cabeza está recorrido por nervios de la voluptuosidad como sólo ocurre en un cuerpo de mujer adulta, mientras que en el hombre (…) los nervios de la voluptuosidad están localizados únicamente en una zona que se circunscribe al sexo y a su proximidad inmediata”.
Se opone terminantemente a ser considerado un enfermo mental, declara no ser un peligro para nadie y señala que la prolongación de su internamiento no conlleva ningún beneficio, insistiendo en que el tiempo que le queda de vida no quiere pasarlo en un asilo donde sus facultades intelectuales son desaprovechadas, y carece de compañía. La solicitud de Schreber fue acogida por los tribunales tras algunos años, es dado de alta a los 60 años. Vive con su madre un tiempo, en 1902, y en 1903 se traslada a la casa de su esposa.
En 1907, se desarrolla una polémica entre las asociaciones de Leipzig que se acogían a la obra educativa del padre de Schreber, polémica que Daniel Paul Schreber es llamado a dirimir como representante de su familia, a fin de que ponga límites a los abusos del “nombre Schreber”. Ese mismo año muere su madre y al poco tiempo su esposa tiene un ataque de apoplejía. El 27 de Noviembre de 1907, en un estado de demencia profunda, es ingresado nuevamente a la clínica de enfermos mentales. Sabemos que muere el 14 de Abril de 1911.
FREUD Y SCHREBER
Freud va a diagnosticar a Schreber como paranoico, y a interpretar su historia, de acuerdo con sus teorías, como la historia de una distorsión sexual: la homosexualidad reprimida. Freud consideraba que en la base de la paranoia existía un afecto de carga positiva dirigido a figuras del mismo sexo, el cual, al no poder expresarse debido a la represión, invertía su carga para luego proyectarse: “yo no lo amo, él me odia”. De este modo, según Freud, lo reprimido adentro, retorna desde afuera. Posteriormente dirá, encuadrando esta figura en el complejo de Edipo, que el paranoico había fracasado en sublimar su deseo de la madre mediante la identificación con el padre, y se había identificado con la figura materna, lo que significaba asumir una posición pasiva, femenina, frente al padre.

En el libro de Freud sobre Schreber, la cadena argumentativa es muy simple: Flechsig sustituye al padre de Schreber, fallecido en su adolescencia; Schreber ama todavía más a Flechsig porque lo ha curado de su “primera enfermedad”. Sin embargo, la conciencia masculina se rebela contra este amor homosexual, y Schreber percibe a Flechsig como perseguidor y enemigo. Flechsig y los demás elementos del delirio, el Sol, Dios, serían imágenes del padre amado convertido en perseguidor. Posteriormente, en parte debido a la crítica que recibe de Jung en esta época y a propósito de este caso, sobre la naturaleza sexual de la líbido, Freud revisará sus planteamientos sobre el mecanismo paranoico y va a sostener que, al igual que en la generalidad de las psicosis, se produce un retroceso de la líbido a un estado de desarrollo pre-objetal, es decir, anterior a la madurez del desarrollo libidinal en el cual la líbido se dirigiría hacia objetos externos; la líbido retrocedería hacia un estadio que Freud denomina “narcisista”, eminentemente subjetivo, que sería propio de la época en que el sujeto aún no se constituía como tal y permanecía unido a la madre. Este retroceso implicaría que la realidad tal como existía para el sujeto deja de existir, al quedar desprovista de la carga libidinal que la sostenía, “desastre libidinal” experimentado en forma característica como un acabo de mundo. La paranoia sería, en este esquema, los intentos del sujeto por restablecer la realidad, de volver a investir libidinalmente el campo externo.
UNA MIRADA DESDE LA ASTROLOGÍA EVOLUTIVA
Veamos ahora, someramente, que información específica sobre el Alma de Schreber es posible encontrar mediante la Astrología Evolutiva, relativa a su condición.

Carta natal de Schreber
Plutón se encuentra en la Casa III, en Aries, retrógrado. El Nodo Sur de la Luna está en la Casa VII en Cáncer, conjunto a Mercurio y Marte en la Casa VII en Cáncer. El regente del Nodo Sur, la Luna, se encuentra en la Casa II en Piscis. El Nodo Norte se encuentra en la Casa I en Capricornio, en conjunción con Júpiter y el regente Saturno, ambos retrógrados, y ambos en la Casa I en Capricornio. Saturno está en sextil con la Luna, en oposición a Mercurio. Mercurio está en oposición a Júpiter. Plutón está en cuadratura con el eje de los nodos. Plutón forma los siguientes aspectos: cuadratura al eje nodal, cuadratura con Mercurio y Marte, cuadratura con Júpiter, sextil con Neptuno en la Casa II en Acuario, retrógrado. Semicuadratura con la Luna y sesquicuadratura con Venus en la Casa VIII en Virgo, el cual está en oposición a la Luna, en trígono con Saturno y en sextil con Mercurio.
Entorno familiar
Esta configuración demuestra que Schreber nació en un entorno familiar en el cual sus necesidades emocionales y su expectativa de ser reconocido en su identidad propia, protegido, y nutrido, no fueron satisfechas. No sólo sus necesidades emocionales no fueron correctamente identificadas y suplidas, sino que el feedback emocional que recibió fue lo contrario de lo que esperaba, en el sentido de haber recibido agresión o violencia del entorno familiar. Esta violencia habría sido de carácter físico, emocional y verbal, y posiblemente sexual. Estas experiencias de la niñez habrían tenido el efecto de generar estados emocionales extremadamente intensos de inseguridad y desvalimiento. Sus reclamos no habrían sido atendidos. Estas dinámicas habrían dañado su cuerpo emocional, así como su auto-imagen. El entorno familiar habría sido orientado al control y la represión de su naturaleza emocional e instintiva (Mercurio y Marte conjuntos al Nodo Sur en la casa VII en Cáncer, en cuadratura con Plutón en la Casa III en Aries, la Luna en sesquicuadratura con Marte). Estos temas están fuertemente marcadas en esta carta, lo que demuestra que se trata de dinámicas que impactaron a Schreber de manera especialmente importante, afectando su configuración emocional y su auto-imagen, su sensación inherente de seguridad, y reprimieron su naturaleza instintiva. Además, generaron una inseguridad sobre su pensamiento, es decir, sobre su capacidad de ordenar racionalmente la realidad circundante.
La educación de Schreber
Un Astrólogo Evolutivo consultado sobre este caso habría considerado imprescindible indagar no sólo sobre el entorno familiar inmediato del niño Schreber, sino también, de manera específica, sobre su educación temprana. Ello, debido a que los símbolos de la carta se correlacionan no con situaciones aisladas sino con la aplicación sistemática y metódica de técnicas represivas en el entorno temprano y en la educación, y la vigencia inapelable de elementos de tipo ideológico como factores condicionantes. Es decir, no sólo existían prácticas represivas del aparato instintivo (Aries, Marte, la Casa I) y de la naturaleza emocional (Cáncer, la Luna), y de la movilidad exploratoria natural (Casa tres), sino que, según muestra la carta natal, existía un discurso sistemático de justificación de tales prácticas, que impactó mentalmente a Schreber, por cuanto debía de alguna manera manifestar su conformidad con este discurso “racional”, aún cuando ello implicara que lo que él sentía, valoraba, o pensaba, sería considerado “incorrecto” o “malo” (Mercurio conjunto a Marte y el Nodo Sur en la casa VII en Cáncer, en cuadratura con Plutón en la Casa III en Aries, y en oposición a Saturno y Júpiter en la Casa I en Capricornio; los aspectos de Plutón con mercurio, Marte y Júpiter, y su regencia en el Medio Cielo en Escorpio).
Una indagación de este tipo habría llevado a encontrar que, en efecto, el padre de Schreber, que fue considerado por mucho tiempo e incluso hasta el día de hoy, como un gran educador, puso en práctica su completo sistema pedagógico en su propio hogar, monopolizando poder, conocimiento y autoridad. Cabe señalar que un hermano de Paul Schreber, químico y abogado, se suicidó poco después de su nominación como Consejero del Tribuna del Dresde, en 1877, a los 35 años. Asimismo, la carta indica que se trata de ideas sobre la educación que se encontraban en pleno desarrollo en el contexto de la sociedad en que nació Schreber.
Schreber dice en sus Memorias: “pocos hombres habrá que hayan sido educados en principios morales tan severos”. Hay que notar que la autoridad moral del padre en el hogar tenía el respaldo de su condición de médico eminente, en una época en que la mirada médica inicia su conquista del poder ideológico (Plutón en la Casa III en Aries, rigiendo las casas X y XI). Es decir, el padre de Schreber encarnaba un saber científico, y consideraba, según sus palabras, que un educador es un hombre que tiene respuesta para todo. Su sistema educativo era completo: era necesario que el “paciente” o el niño fuera totalmente dócil, lo que sólo se adquiere con un entrenamiento muy precoz. La obediencia absoluta juega aquí un papel fundamental, y el entrenamiento temprano se encamina a producir este condicionamiento frente a la autoridad.

Sus principios pedagógicos, de acuerdo con sus obras, eran los siguientes: 1) El niño es malo por naturaleza. Se lo debe aislar de su naturaleza y someterlo a un adiestramiento moral y físico; 2) El niño debe aprender precozmente el “arte de la renuncia”, considerado fundamental para el proceso educativo. Para ello, debía provocarse en el niño un deseo que luego no será satisfecho pese a sus reclamos. La niñera, con el niño en las rodillas, debe comer y beber sólo para incitar el apetito y el deseo del niño, y oponerse a éste. El Dr. Schreber despidió inmediatamente a una niñera que dio al niño Schreber un trocito de pera, contraviniendo las órdenes; 3) El adulto debe controlar las tendencias del niño, y su cuerpo, para lo cual el Dr. Schreber diseñó sus ejercicios gimnásticos, los baños fríos y calientes alternados a partir de los tres meses de edad, y una serie de gadgets o dispositivos ortopédicos que coercionaban mecánicamente la postura corporal de los niños, para mantenerlos erguidos, para impedir ciertos movimientos, para impedirles tocarse a sí mismos. El padre de Schreber esperaba ser amado o venerado por sus hijos, anhelaba el agradecimiento de estos por su educación (Venus en trígono con Saturno, la Luna en sextil con Saturno, con Venus rigiendo la casa V y la Luna rigiendo la Casa VII). Esto significa que, junto a la presión directa ejercida sobre Schreber mediante las prácticas disciplinarias y el discurso, existía una manipulación emocional, basada en las propias inseguridades del padre educador (que compensaba mediante su certeza absoluta sobre todos los aspectos de la vida de sus hijos); y que, en consecuencia, contradecirlo, cuestionarlo o desobedecerlo, sería interpretado como un error desde una perspectiva racional y científica, pero además como una ingratitud, y la manipulación del padre (y la madre) generaría sentimientos de culpabilidad, el sentimiento de de ser inherentemente malo y de merecer sufrir.


Estas dinámicas sadomasoquistas en el hogar de Schreber y en su personalidad, están indicadas en la oposición Venus Luna en Virgo y Piscis, en las casas II y VIII, con Venus rigiendo la Casa IV; y la conjunción Saturno Júpiter con el Nodo Norte relativa a la cuadratura de Plutón al eje nodal, con Júpiter rigiendo la Casa XII. La Luna en la Casa II en Piscis opuesta a Venus en la Casa VIII en Virgo, en semicuadratura con Plutón en Aries, siendo la Luna regente del Nodo Sur en la Casa VII en Cáncer, conjunto a Marte, indica también el retroceso de la madre frente al deseo y la oralidad natural del niño en la etapa de amamantamiento, interpretado como rechazo y ocasionando, por la vía de la idealización de la madre, un temor sobre la propia naturaleza de deseo.
Más específicamente, estos símbolos se refieren a una madre que incita el deseo oral del hijo, pero que sin embargo es incapaz o se presenta como incapaz de contener o enfrentar esa naturaleza de deseo biológica y emocional (la conformidad de la madre en la enseñanza del “arte de la renuncia”, una “relación armoniosa” entre el padre y la madre reflejada en el sextil de la Luna con Saturno), una madre que retrocede ante ese deseo y cuyo desasimiento genera en el niño el temor a que sus ansias orales, sus impulsos amorosos y su búsqueda de seguridad dirigidos a la figura materna, puedan destruir a la madre, o de que su amor, sus ansias, puedan contaminarla.
La “forclusión del nombre del padre”
Resulta claro que existía en el hogar de Schreber una fuerte presión para adaptarse, por conformarse a la “forma correcta” de pensar, sentir y relacionarse, y para aceptar la validez de todo un conjunto de ideas y explicaciones que eran el fundamento ideológico de esa “forma correcta”. La vigencia de esta ideología era excluyente: era necesario rechazar todo lo que se oponía a ella. No se toleraban puntos de vista disidentes. Ni siquiera se los escuchaba. Este punto es importante, ya que para un niño el ser escuchado, entendido y creído, aunque sea por una única persona, es necesario para definir la relación que va a establecer con el universo simbólico. Con Plutón en la Casa III, y Escorpio en el MC regido por Plutón, y la cuadratura de este al eje nodal, Mercurio y Júpiter, resulta claro que la aceptación del niño Schreber en el mundo del lenguaje, en el mundo adulto, estaba condicionada a su renuncia a cualquier pensamiento que no validara de manera más o menos directa la ideología familiar. Hay que tomar en cuenta que se trata de una familia ilustrada, identificada en extremo con un rol social, el cual se ejerce mediante la razón –intelectuales, educadores, médicos; una familia para la que reviste una importancia suprema el estar en lo correcto, y para la cual la razón constituye el único medio de elevarse por sobre una naturaleza que se considera inherentemente mala.
La carta natal permite entender que el niño Schreber fracasó en sus intentos de confrontar a la autoridad familiar (la cuadratura de Júpiter en la Casa I en Capricornio y Mercurio en la casa VII en Cáncer con Plutón en la Casa III), y que esto le trajo como consecuencia carecer de interlocutores. Frente a este rechazo, debió replegarse en sí mismo, experimentando un aislamiento doloroso que, considerando que debía contener por sí mismo sus emociones, tiene que haber producido una apertura al mundo de la fantasía llevándolo a la sensación de carecer de límites. Esto está indicado en la posición del regente del Nodo Sur en la Casa VII en Cáncer, la Luna, en la Casa II, en Piscis. Esta Luna está regida por Neptuno, que se encuentra también en la Casa II, en Acuario, regido a su vez por Urano en la Casa III en Piscis. Esto muestra que el retraimiento, la negativa a aceptar la “castración simbólica”, implicaba una rebelión frente a esta autoridad externa y constituía una forma de decir lo que no se aceptaba que dijera mediante palabras. La falta de validación por otro en el diálogo, la condición de aislamiento en que sostuvo el ejercicio de su pensamiento, sus búsquedas intelectuales y sus elaboraciones personales, implicaron una fuerte compresión a nivel mental, una inseguridad básica sobre la corrección racional o la validez de lo que pensaba. A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de las personas, en el caso de Schreber, cada palabra podía tener significados devastadores, afectando potencialmente todas sus construcciones mentales, debido a que sus estructuras de pensamiento se habían formado desprovistas de confirmación o legitimación, en el aislamiento. El Dios de Schreber será un Dios que le habla, que va a devenir puro lenguaje, un lenguaje que al comienzo no entiende pero que luego comienza a entender, y con el que mantiene una relación de diálogo.
Nota para Lacanianos: el concepto de forclusión del nombre del padre, tal como fue elaborado por Lacan, parece sin duda mucho más complejo que lo que aquí estamos señalando. Desde el punto de vista que adoptamos, la forclusión del nombre del padre significa, simplemente, que existe, en la constitución de los patrones de pensamiento lineal que ordenan la realidad fenomenal desde el punto de vista del sujeto (la función de Mercurio), una inestabilidad fundamental. Esta inestabilidad fundamental de la construcción mental del mundo tiene su origen en que esta forma del sujeto de construir la realidad fenomenal, se desarrolló sin el apoyo, o directamente contra la forma de penamiento ratificada socialmente, o ratificada por la autoridad paterna (la función de Saturno), en condiciones en las cuales el sujeto habría querido tener esa ratificación. En consecuencia, la construcción mental tiene esta inestabilidad, y esta inestabilidad ha generado una compulsión a mantener ordenado el mundo, como compensación; a la vez, el mundo amenaza a cada instante con desmoronarse, y este desmoronamiento, en la relación que Lacan vio entre la forclusión del nombre del padre y la psicosis, es simplemente la manifestación en la conciencia del mundo fenomenal, desprovisto del orden lineal que intenta sujetarlo. Desde el punto de vista de la Astrología Evolutivia, siempre exisitirán razones evolutivas fundamentales por las cuales el sujeto puede enfrentar esta experiencia, las cuales siempre estarán relacionadas, por una parte, con la necesidad de pensar linealmente de formas independientes de la validación externa, o de pensar linealmente de formas que no cuenten con el apoyo de la ‘autoridad’. También estarán relacionadas en algunos casos con la necesidad del sujeto de liberarse de patrones de pensamiento que han constituido en el pasado una defensa contra otros niveles de la experiencia de la realidad fenomenal, no lineales. Existen diversas signaturas astrológicas que pueden manifestar estas condiciones. Siempre serán parte de esta configuación, los arquetipos de Plutón, Saturno, y Mercurio; y puede también integrarse el arquetipo de Neptuno. La forma en que Lacan habló de la ‘forclusión del nombre del padre’ es mucho más compleja, pero ello no significa que la comprensión del fenómeno requiera utilizar el mismo lenguaje. El lenguaje de Lacan es muy difícil de entender, y ha creado mucha confusión: Lacan tenía a Mercurio en Piscis, en cuadratura con Neptuno en Géminis en la Casa X, y Plutón también estaba en Géminis, y Plutón era el regente de la Casa III. Estos símbolos reflejan su necesidad y su deseo de crear un lenguaje de tremenda complejidad, de naturaleza metafórica (Mercurio en Piscis, la cuadratura con Neptuno), para generar una nueva dirección de su pensamiento, como medio, también en su caso, de liberarse de la autoridad racional del pensamiento dominante en su sociedad-volver a Freud, pero en cierta forma, contra Freud-, y en su familia.
La transformación en mujer
El punto de vista del Psicoanálisis de Freud y de Lacan implica que la participación en el universo simbólico mediante el lenguaje está supeditada a la sexuación. El sujeto debe aceptar la castración, la cual define la posición que va a tener en este universo, el tipo de carencia-castración o envidia del pene- que le va a permitir aceptar la falta de plenitud de la experiencia que es condición de una relación normal con los objetos mediante el lenguaje: un lenguaje coherente, poco significativo, adecuado para el funcionamiento social, pero cuyo fundamento último está dado por la ley, el “nombre del padre”. Schreber no aceptará estas reglas, y por lo tanto, su participación en el universo simbólico está amenazada por la fragilidad, y también su identidad sexual.
Una pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿Al devenir mujer, Schreber acepta o rechaza la castración? Desde el punto de vista de la Astrología Evolutiva es necesario entender que la sexuación y la asignación de roles de género, y la participación como interlocutor válido en el universo del lenguaje, en los términos en que son planteados por el Psicoanálisis, corresponden a formas culturalmente condicionadas por el patriarcado de participar en la sociedad o comunidad, es decir, implican una serie de distorsiones contrarias a la naturaleza humana. Ni Edipo, ni la castración, ni el deseo de la madre como lo entiende el psicoanálisis, son formas específicas de la conciencia humana, desde la perspectiva de la ley natural. El Complejo de Edipo, la castración, la aceptación de la ley del padre como condición de participación en el universo lingüístico, que se reflejan arquetípicamente en la cuadratura natural de los arquetipos de Aries, Capricornio, y Cáncer-renuncia del deseo de la madre, tenor a la castración, identificación con el padre, aceptación de la castración- y la inconjunción de Géminis a Capricornio-crisis producida por la necesidad proyectada de que el pensamiento individual se ajuste al pensamiento dominante de la comunidad, ilustran aspectos esenciales de cómo se produjo la transición del matriarcado al patriarcado, proceso que comenzó alrededor del 6.500 a.C. La descripción que hace Freud del estado anterior al orden familiar actual, definido por la prohibición de incesto, mediante el asesinato del padre primitivo, corresponde a dinámicas interiores al inicio del patriarcado, no al estado anterior al patriarcado.
El psicoanálisis considera que cada individuo trae consigo la historia de la evolución de la especie. La Astrología Evolutiva considera que el Alma individual se encarna en innumerables vidas a lo largo de extensos períodos de tiempo, a fin de conocerse a sí misma y conocer a Dios. Desde el punto de vista de la Astrología Evolutiva, el Alma se encarna una serie de vidas en un mismo sexo, para luego, de acuerdo a las necesidades evolutivas de experimentar otras dinámicas emocionales y sexuales, comienza a encarna en una serie de vidas en el otro sexo. A lo largo de innumerables vidas, el Alma integra lo masculino y femenino que le son inherentes en formas concretas. La carta natal de Schreber no muestra que éste deba “convertirse en mujer”. Sin embargo, sí muestra que su encarnación como hombre es reciente, es decir, que está comenzando un ciclo nuevo, luego de una larga serie de vidas en que su Alma encarnó como mujer.
Desde esta perspectiva más amplia que provee la Astrología Evolutiva, podemos agregar a lo que dijimos antes que se trata de un Alma que ha recorrido un largo camino en busca de comprender su vida en términos cosmológicos, desde una perspectiva metafísica o espiritual, buscando experimentar en forma directa y establecer una relación con fuerzas más grandes que los hombres, más grandes que las creaciones humanas (punto de polaridad de Plutón en la Casa IX, en Libra, respecto al eje nodal en las Casas I y VII).
Los sistemas espirituales hacia los cuales ha gravitado incluyen formas religiosas devocionales, el ocultismo, y el gnosticismo, entre otros. La carta muestra a un Alma que además ha estado definida por un sentido de responsabilidad hacia la comunidad, mediante liderazgo espiritual, y que este tipo de funciones han tenido lugar en el contexto de la transición del matriarcado al patriarcado (el eje nodal de la Luna e relación con los nodos de Júpiter, Saturno y Plutón). Asimismo, muestra encarnaciones pasadas de espiritualidad vinculada al Cristianismo (la Luna en Piscis regente del Nodo Sur de la Luna, opuesta a Venus en Virgo). La carta muestra asimismo las distorsiones producidas por el patriarcado en la espiritualidad, sufridas como mujer (el asteroide Lilith está en Capricornio, Casa I, conjunto a Saturno, Júpiter, y el Nodo Norte, conjuntos también a la Luna Oscura de Lilith; la Luna Negra de Lilith está conjunta a la Luna, en Pisicis, casa II, opuesta a Venus en Virgo en la Casa VIII). De partida, se trata de un Alma nacida en esta vida con rabia no resuelta debida a violencia y victimización física, emocional y sexual recibida en el pasado, la cual fue experimentada en encarnaciones anteriores como mujer. Asimismo, la distorsión emocional producto del condicionamiento patriarcal han producido una rebelión contra su propia naturaleza femenina, y su naturaleza emocional, lo que se ha traducido en conflicto con sus obligaciones familiares en el pasado, lo cual ha tenido consecuencias de pérdida emocional en el contexto de familias que ha formado, con carácter traumático. Estos traumas se han producido por partidas en viajes en búsqueda de sistemas de conocimiento, a lo largo de muchas vidas. El conflicto con su via emocional, expresado en el conflicto entre su vida familiar y su vida espiritual, ha implicado al mismo tiempo la búsqueda de sistemas contradictorios enre sí, en vez de permitir la profundización de la experiencia interior, a través de la vida emocional. Por ello, los conflictos inherentes entre estos diversos sistemas de conocimiento a través de los cuales en definitiva se ha apartado de su vida interior, han implicado que creara un desequilibrio entre los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo, que cortocircuita y dificulta, nuevamente, la experiencia interior. También había generado intensos sentimientos de culpabilidad a partir de estas experiencias.
Estos símbolos muestran también muestra el viraje hacia una espiritualidad definida por la falta, en que se plantea un conflicto inherente entre el espíritu y el cuerpo o “la carne”, y un deseo de someter la naturaleza de deseo, la naturaleza sexual natural, considerada “oscura”, a fin de ascender hacia lo espiritual, “luminoso”, y también el énfasis en el conocimiento secreto como medio de alcanzar la liberación respecto a la materia.
La experiencia de ser mujer y la experiencia de ser hombre son diferentes, porque están condicionadas por arquetipos distintos de la relación con el cuerpo y con el otro. Expresado muy simplemente, y sin ninguna pretensión de ser exhaustivo, la experiencia interna de ser mujer está definida por una atención que mantiene una relación especial y principal, de enorme relevancia no sólo individual sino a nivel de la especie, con el fenómeno de la vida, y consciente o inconscientemente, con la Fuente de la vida. Por ello, su atención está preparada para escuchar internamente la vida que se gesta en su interior, los flujos asociados al proceso reproductivo, los flujos de leche para alimentar a un bebé, o la experiencia de recibir en su interior el sexo del hombre. Esta interioridad de la experiencia implica un mayor desarrollo del tacto, el oído, el olfato. Implica una mayor capacidad natural para compartir, ya que esta sensibilidad no se orienta a discriminar nítidamente los límites de objetos externos, sino su proximidad o lejanía, su presencia o ausencia. El hombre se orienta en cambio a experiencias más externas, dado que posee una capacidad menor de escucharse a sí mismo, se relaciona con la existencia a través de un impulso a penetrar, a adentrarse en lo exterior, a surcar el paisaje. El hombre tiene una mayor relación con su entorno a través de la visión, para perseguir objetos o bien para anticipar su llegada o su recorrido. El hombre en consecuencia se representa a sí mismo, mientras que la mujer se siente a sí misma, el hombre se representa su vida como una trayectoria mientras que la mujer se experimenta a sí misma momento a momento. Está diferencia entre el ser mujer y el ser hombre está exacerbada y distorsionada por el condicionamiento patriarcal, por las formas de vida que se impusieron a la mujer, enclaustrándola en un espacio doméstico, y reservando la exterioridad al hombre. Además, por el arquetipo del sadomasoquismo expresado en mitos tales como el Mito del Jardín del Edén, en que la mujer se instituye en responsable de la caída espiritual del hombre, y queda obligada a expiar por esa culpa. El hombre llega constituirse como sujeto, lo que en realidad significa volverse objeto de las relaciones de otros para representarse a sí mismo a través de la idea de trascendencia, en tanto que la mujer se convierte para los hombres en el objeto por excelencia, lo que divorcia la experiencia de la mujer en una dimensión en que queda definida por su relación con el mundo de los hombres, y una dimensión eminentemente privada, reservada a su interioridad e ignorada por los hombres, o bien sólo compartida con otras mujeres. La mujer traduce su experiencia para los otros en términos de su experiencia interior, y el hombre traduce su experiencia interior en términos de su logro, de su trascendencia. Evidentemente, la educación de Schreber y el tipo de expectativas sociales y familiares lo distanciaron de su experiencia interior, tanto de aquella almacenada en su memoria de vidas pasadas como de la vivida con una sensibilidad aún de mujer en su encarnación como hombre, principalmente debido al conflicto creado entre la vida emocional y famliar (Cancer) y la vida espiritual.
Astrológicamente, la transición del matriarcado al patriarcado comenzó en la sub-era de Capricornio de la Era de Cáncer, alrededor del 6.500 a.C . Ahora bien, el Nodo Sur de Plutón (así como el Nodo Sur de Saturno) se encuentra, en la época de nacimiento de Schreber, así como en la época actual, en Capricornio, con el Nodo Norte de Plutón (y el de Saturno), en Cáncer. Esto significa que el propósito evolutivo actual, para toda la humanidad, luego de haber estado fundamentalmente condicionado, por el patriarcado, a encontrar sentido en la exterioridad (Capricornio), se encamina a desplazar nuevamente la conciencia hacia la vida interior, el templo interior. Estos símbolos también significan la necesidad de integración de lo masculino y lo femenino.
Obviamente no estamos proponiendo una beatificación de Schreber. Al contrario, resulta evidente que su conocimiento de Dios y de la ley natural era limitado, y había sufrido tremendas distorsiones. Sin embargo, podemos ver que había avanzado un largo trecho en un camino espiritual, del que sin embargo había intentado apartarse, para conformarse a las expectativas familiares y sociales, y a fin de evitar confrontarse con las emociones dolorosas almacenadas en su Alma, consecuencias de la victimización física, emocional y sexual, y de los conflictos que su Alma había creado. Es claro que eligió circunstancias de nacimiento que, por la vía del rechazo familiar y social, le llevarían de vuelta a sí mismo, para retomar su camino y encontrar a Dios dentro de sí mismo. Al volverse sobre sí mismo, su Alma reviviría los traumas. Dado que estos traumas ocurrieron en el pasado en experiencias vinculadas a lo espiritual, es claro que, a consecuencia de la confusión y desintegración psíquica producida por la victimización (Neptuno en Acuario), Schreber interpretaría inicialmente que su sufrimiento era causado por Dios. Desde la perspectiva de la Astrología evolutiva, el sentido de estas experiencia de rechazo era precisamente ese, el llevarlo de vuelta a sí mismo, producir un “retroceso narcisista” de la líbido, alejarlo de la persecución de objetos socialmente relevantes para enfocarse en su experiencia interior, para encontrar a Dios dentro de sí y retomar su relación de conversación con Dios (Nodo Sur en Cáncer, regido por la Luna en Pisicis, etc.).
Una vez liberado el trauma, lo cual creemos que sólo ocurrió parcialmente en esta vida registrada, Schreber dejaría de depender de los demás para tener sus puntos de vista validados, y para identificar y suplir sus necesidades emocionales de acogimiento, protección y nutrición. Esto le llevará a asumir plenamente su responsabilidad por sus propias acciones, lo cual podemos ver que en gran medida ya logró, retomar su libertad para seguir su camino y mantener una relación permanente con Dios, y asumir funciones de responsabilidad respecto a los demás mediante la enseñanza (Nodo Norte en la Casa I, en Capricornio, y la conjunción de Saturno y Júpiter al Nodo Norte). Dada la naturaleza cardinal de los arquetipos involucrados, existía la necesidad de ir hacia el pasado para poder avanzar hacia el futuro. En este sentido, su transformación en mujer implicaba, por una parte, la necesidad de revivir de alguna manera los traumas experimentados en el pasado, para liberar su Alma del efecto de esos traumas. Asimismo, la necesidad de liberarse de los condicionamientos patriarcales en materia de identidad sexual y roles de género, para sumir su propia sensibilidad. Y en términos de su rol social, hay ahí una dimensión profética respecto a la necesidad de superar estas distorsiones patriarcales mediante la aceptación por el hombre de su naturaleza femenina, para avanzar hacia la integración psicológica de los hombres y de los hombres con las mujeres (es interesante notar que el movimiento de liberación de las mujeres se inició, aunque en forma muy limitada por el condicionamiento social, a fines de los años 20, con Plutón en Cáncer y Urano en Aries), siendo ésta un coordenada principal de la transición a la Era de Acuario, que significa el propósito colectivo de retorna a las condiciones que definían al matriarcado original que se formó hace 20.000 años (Schreber tiene Urano en Piscis y Neptuno en Acuario, las mismas posiciones por signo de estos planetas en el momento presente).
Al momento de desatarse la “segunda enfermedad” de Schreber, al notificársele su designación como Senatzpresident, la conjunción de Plutón y Neptuno transitaba por su Casa V, en Géminis, formando una cuadratura con su Luna natal. Urano transitaba por Escorpio, conjunto al MC de la carta. La Luna negra de Lilith estaba conjunta al Nodo Sur de Urano en la Casa XI en Sagitario, en cuadratura a la Luna Negra de Lilith natal. Estos tránsitos demuestran que, en términos evolutivos, llegaba un punto en que se volvía ineludible para Schreber el enfrentar sus traumas no resueltos de naturaleza emocional y sexual (Plutón en Aries en cuadratura con el Nodo Sur en la Casa VII en Cáncer, la Luna en la Casa II), dando voz a sus conflictos sepultados durante tanto tiempo lo cual afectaría su sentido de identidad social y su identidad sexual definida socialmente (Urano transitando el MC), reviviendo traumas experimentados como mujer. Además, la exposición de estos traumas a la luz sería posibilitada por un proceso de expansión inusitada de la conciencia y la sensibilidad (el mismo mecanismo que operó normalmente durante su infancia frente a rechazo familiar, ahora intensificado-Neptuno en cuadratura con la Luna), desdibujando su identidad egocéntrica (Luna) para permitir nuevas identificaciones que le permitieran salir del aislamiento (Casa II).
Cualquiera puede imaginarse la dramática reacción de un hombre “serio, racional y responsable”, que ha funcionado hasta los 50 años con una identificación completa con su persona social y con su identidad “masculina”, asumiendo posiciones de responsabilidad y con un estatus que en una sociedad como la suya sólo eran accesibles para un hombre, ante un pensamiento que de pronto surge de la profundidad de su interior, sugiriéndole que quizás también podría sentir como si fuera una mujer.
La escisión de lo masculino y lo femenino en la psique individual, en sociedades con un alto nivel de represión y condicionamiento patriarcal en cuando a la identidad de género, en los arquetipos junguianos de ánima-ánimus. Ellos pueden producir, por ejemplo, que un hombre casado y que ha vivido durante años con su mujer, de un momento a otro se enamore “locamente” de una mujer más joven, hasta el punto de poner en peligro o destruir su estructura familiar y su identidad social, para seguir la huella de lo femenino que captura su conciencia a través de la proyección de una parte de su propia Alma (anima), que debido a este mismo condicionamiento social no puede integrar en sí mismo o reconocer como propia, en una doncella idónea para realizar esa proyección. Sin duda en el caso de Schreber era necesario, para la evolución de su Alma, que no se relacionara con su aspecto femenino a través de una proyección hacia otra persona, sino que aprendiese a relacionarse consigo mismo en una profundidad y con una sensibilidad que sólo podía ser la de la mujer que él mismo había sido.
Schreber y Flechsig
Uno de los traumas específicos que Schreber revivió se refiere a su relación con el Doctor Flechsig.

Desde la perspectiva de la Astrología Evolutiva, cuando existen asuntos no resueltos con otras personas, provenientes de vidas anteriores, el Alma crea las condiciones para volver a encontrase, con el propósito de lograr resolución. La Astrología evolutiva cuenta con una metodología y técnicas precisas de análisis que permiten establecer, mediante la comparación de las cartas natales entre sí –sinastría-y el análisis de la carta compuesta de puntos medios cercanos, si existieron efectivamente encuentros de las Almas en vidas pasadas, el tipo de relación que existió y cuáles fueron los temas que quedaron pendientes. Usando estas técnicas, podemos afirmar que, en el caso de Schreber y Flechsig, existen símbolos inequívocos que demuestran encuentros de vidas pasadas. Estos encuentros de vidas pasadas tuvieron lugar en el contexto de relaciones familiares, y específicamente, relaciones matrimoniales: Flechsig y Schreber como marido y mujer.

Carta natal de Flechsig (levantada para el mediodía)
La carta natal de Flechsig tiene Plutón en Aries, el Nodo Sur de la Luna en Aries, y el regente, Marte, en conjunción balsámica con Urano, ambos planetas conjuntos al Nodo Sur. La Luna está en cuadratura con el eje nodal de la Luna, en Capricornio, en oposición al Sol conjunto a Júpiter en Cáncer. Venus, el regente del Nodo Norte de la Luna, está en Leo, en trígono con Plutón. La Luna en Capricornio esta en sextil con Saturno, que rige a la Luna, en Piscis, y que está regido por Neptuno, también en Piscis, en oposición a Venus, que está a su vez en inconjunción con la Luna. Esta signatura muestra que Flechsig nació con violentos traumas no resueltos de vidas anteriores, originados en el conflicto que se le produjo entre su sensación de tener un destino muy especial que cumplir, que implicaba gozar de una tremenda libertad para buscar ese destino y un deseo de reconocimiento y aclamación; y por otra parte, sus obligaciones y compromisos familiares. Su carta muestra que en el pasado este conflicto fue “resuelto” mediante una supresión emocional, lo cual originó una crisis traumática que afectó a su familia, y también muestra los sentimientos de culpabilidad con que Flechsig nació, como consecuencia del destino que tuvo su familia en este conflicto.
Carta compuesta Schreber – Flechsig
Plutón en la carta natal de Schreber está conjunto a Plutón, el Nodo Sur y Urano de la carta Flechsig, y en cuadratura con la Luna. La Luna de Schreber está conjunta a Saturno en la carta de Flechsig. La Luna de Flechsig está conjunta al Nodo Norte y a Saturno, y en oposición al Nodo Sur y Marte, en la carta de Schreber. Venus en la carta de Schreber está en oposición a Saturno en la carta de Flechsig. Venus en la carta de Flechsig está en oposición al Neptuno de la carta de Schreber. En la carta compuesta de Flechsig y Schreber, Marte está conjunto al Nodo Sur, y en cuadratura con la oposición de Venus y Neptuno. La Luna y Saturno están conjuntos, y en conjunción con Neptuno, y todo están regidos por Urano en Aries. Si tomamos en cuenta que Flechsig utilizó la vía quirúrgica para el tratamiento de enfermedades mentales, recurriendo a la extirpación de ovarios y útero para aliviar la condición de enfermas “histéricas” y otras (la conjunción de Marte y Urano en cuadratura con la Luna), estos símbolos muestran que el delirio de Schreber sobre la implicación de Flechsig en “el crimen de las familias” puede haber tenido fundamento, no sólo metafóricamente, sino también en sentido literal, en experiencias de vidas pasadas. La supresión emocional de Flechsig, obviamente, también habría reflejado la respuesta que el propio Schreber tuvo cíclicamente respecto de sus propias emociones. Las memorias subconscientes de estas experiencias condicionaron la respuesta de Schreber en su encuentro con Flechsig, y la respuesta de Flechsig ante Schreber. Puede decirse mucho más sobre esta relación empleando estas técnicas de la Astrología Evolutiva, pero excedería el propósito de este artículo.
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Este somero análisis, realizado desde la perspectiva y con la metodología propia de la Astrología Evolutiva, muestra que es posible encontrar información específica sobre la historia de un Alma, lo que evita aplicar teorías generales sobre un proceso patológico como la utilizada por el psicoanálisis. Evidentemente, se trata de sólo un esbozo, ya que la información que revelan las cartas astrales puede ser incluir muchos más detalles que los mencionados aquí. La información sobre el sentido del proceso vivido por esa Alma es plenamente relevante y útil para inducir una comprensión de la experiencia vivida, y puede resultar, de este modo, una poderosa herramienta terapéutica. Resulta claro asimismo, que desde la perspectiva del Alma, el feedback que puede proporcionarse al paciente mediante la aplicación, en casos como el analizado, de teorías psicológicas o psicoanalíticas generales, puede tener un efecto contraproducente al proceso terapéutico, por cuanto va a inducir una comprensión errónea del proceso, y una “resistencia” que normalmente será interpretada como “resistencia a la curación”, generándose una pugna entre la comprensión del terapeuta que intenta forzar la aplicación de un esquema preconcebido, a la cual el paciente tendría que resignarse, y la comprensión más profunda que el paciente puede tener, a nivel generalmente subconsciente, sobre el sentido de su experiencia. Se considera por lo tanto, que la Astrología Evolutiva provee herramientas muy adecuadas para la comprensión del caso, así como para la comprensión de la relación de transferencia específica que se establece entre el paciente y el terapeuta, comprensiones que pueden ser utilizadas por el terapeuta y que pueden ser determinantes para las posibilidades de ayudar al paciente/cliente.