El concepto de Evolución. La evolución del Alma se produce a través de la dinámica del deseo. En el Alma existe una naturaleza dual de deseo. Por una parte, existe el deseo de separarse de todo lo demás y constituirse como algo totalmente distinto e independiente. Por otra parte, existe el deseo de retornar a la Fuente que es el origen del Alma. La interfase de ambos tipos de deseos determina la evolución. La evolución del Alma consiste en el proceso a través del cual el Alma experimenta la satisfacción relativa que se origina cuando consigue aquello que es objeto de sus deseos de separación. La satisfacción de los deseos es relativa, en el sentido de que es transitoria. Cada vez que el Alma persigue satisfacer un deseo (un nuevo o mejor trabajo, una nueva posesión, un nuevo amante) la satisfacción que se espera obtener parece muy importante o hasta definitiva. Sin embargo, cuando se satisface este deseo, el Alma experimenta un breve gozo y un breve descanso, y luego se reactiva otra vez la dinámica del deseo, persiguiendo alguna otra cosa que nuevamente se presenta como importante o definitiva. Por ello, la satisfacción que se experimenta al obtener aquello que es objeto de este tipo de deseos, es relativa, y transitoria. La evolución del Alma se produce mediante la progresiva eliminación de los deseos de separación. A lo largo de grandes extensiones de tiempo evolutivo, el Alma va eliminando y dejando atrás los deseos cuya satisfacción relativa ya ha experimentado, y progresivamente comienza a dominar la conciencia el único deseo que finalmente puede sostenerse: el deseo de retornar a la Fuente que es el origen del Alma.
La condición evolutiva natural. El Alma se encuentra en un proceso de evolución a lo largo de muchas vidas. Esta evolución del Alma, o la conciencia individualizada, es un proceso natural, y se produce mediante la progresiva expansión de la conciencia. Desde que la conciencia entra en la forma humana, el Alma individual comienza un proceso a través del cual se va conociendo a sí misma en forma creciente.
Inicialmente, en las primeras etapas de esta evolución, el Alma busca identificarse con las formas de ser de los demás seres humanos que se encentran en su entorno inmediato. Busca pertenecer y definirse a sí misma por los modos de ser, de pensar, los valores, creencias y formas de vida, de la gente que se encuentra en su entorno-el grupo o sociedad en que encarna. Esta condición evolutiva natural del Alma se denomina de Consenso, y astrológicamente está definida por el arquetipo de Saturno. Progresivamente el Alma llega a conocer y a comprender la forma de ser y el funcionamiento de la sociedad en que vive, motivada de forma predominante por el deseo de llegar a tener una buena posición o situación dentro de su sociedad. Este deseo es el que genera, en esta etapa de la evolución del Alma, las experiencias que determinan una progresiva expansión de la conciencia: desde el entorno más inmediato, a la comprensión general de cómo opera un sistema relativamente complejo como es una sociedad. Alrededor del 70% de las personas que componen cualquier sociedad se encuentra en la condición evolutiva natural de Consenso.
Cuando ha conseguido una relativa satisfacción del deseo de “tener una vida”, de que “le vaya bien” o de “tener una buena situación”, es decir, cuando consigue, en términos relativos, un cierto éxito, prestigio, autoridad, liderazgo o poder en términos sociales, el Alma se está preparando para entrar en una segunda etapa de su evolución, que se denomina condición evolutiva individuada. La condición evolutiva individuada está definida por el arquetipo de Urano. Ahora el Alma comienza a descondicionarse, a liberarse y a rebelarse frente a todo cuanto la ha definido anteriormente: todas las valoraciones, forma de ser y de pensar, las creencias, etc. que caracterizan a su sociedad y a su cultura. Esta liberación, este descondicionamiento y esta rebelión tienen por objeto que el Alma descubra progresivamente su naturaleza y su individualidad original y única, independiente de cualquier punto de vista externo de origen social o cultural. Se trata del proceso que Jung llamó “individuación”. Alrededor del 20% de todas las personas que componen cualquier sociedad se encuentran en esta condición evolutiva.
Una vez que el Alma ha conseguido “individuarse”, y ha llegado en consecuencia a encontrar su individualidad propia y su naturaleza única, comienza progresivamente a tener vislumbres de otros referentes que se encuentran más allá de cualquier punto de vista social o cultural. El Alma entra ahora en la que se llama Condición Evolutiva Espiritual, la cual está definida por el arquetipo de Neptuno. Tras haber logrado una individualidad plenamente formada en la etapa anterior, el Alma comienza ahora a sentirse muy pequeña, ya que sus referentes se encuentran, ya no en la sociedad o la cultura, sino en una dimensión cósmica, universal, o espiritual, es decir, en fuerzas de una naturaleza mucho mayor: lo absoluto, el Todo. Mediante esta expansión progresiva de la conciencia, cada una de las Almas va avanzando hasta llegar, a lo largo de muchas, muchas vidas, a unir su conciencia individual, con la Fuente de la Creación. Alrededor del 5% de las Almas que compone cualquier sociedad se encuentran en la condición evolutiva espiritual.
Cada una de estas tres etapas mencionadas tiene tres sub-etapas, claramente diferenciables. Además, existe en cualquier sociedad un grupo de alrededor del 5% de las personas, que se encuentran en lo que se ha llamado Almas recientemente evolucionadas, que está integrado por las conciencias que están recién entrando en la forma humana, y que por lo tanto, comienzan a familiarizarse con esta estructura de conciencia; y también por Almas que han experimentado estadios más avanzados de evolución dentro de la conciencia en la forma humana, pero que por motivos kármicos han sido de-evolucionadas.
La existencia de estos estadios evolutivos puede ser comprobada por cualquiera con tan sólo observar de forma desapegada la variedad de tipos de personas que componen su sociedad.
Este “esquema general” de la evolución de la conciencia al interior de la forma humana, que se encuentra descrito en forma detallada en el paradigma de la Astrología Evolutiva, tiene una razón de ser específica y es imprescindible dentro del paradigma. Esta razón se encuentra en que dos personas cualesquiera que hayan nacido más o menos en un mismo lugar, en la misma fecha y la misma hora, van a tener, naturalmente, una carta natal prácticamente idéntica. Sin embargo, este sólo hecho no significa que las dos personas sean iguales. Es posible que, con una misma carta natal, dos Almas distintas se encuentren en puntos distintos de su viaje evolutivo. El nivel de evolución de un Alma no se encuentra reflejado en la carta natal. Si consideramos, sin embargo, que la carta natal es el reflejo del viaje evolutivo del Alma, esto implica, por consiguiente, que los símbolos de la carta natal de una persona tienen un significado distinto que los de otra persona, aún cuando sean básicamente la misma carta natal. Los símbolos astrológicos son arquetipos, que tienen todo un espectro de significado. Para saber qué significan los símbolos de la carta natal en forma específica respecto a una persona, es necesario determinar, en forma previa, cuál es su condición o estado evolutivo natural. Una vez determinada la condición evolutiva natural de una persona, es posible interpretar la carta natal en su totalidad, y cada uno de los símbolos que contiene, de forma precisa y específica. Richard Nixon tenía Plutón en la Casa X. El presidente de Chile, Piñera, tiene Plutón en la Casa X. Pero Paramhansa Yogananda también tenía Plutón en la Casa X. Y sin duda, Yogananda es un Alma muchísimo más evolucionada que Nixon y Piñera. Sólo determinando la condición evolutiva natural es posible saber qué significan los símbolos de la carta natal. No es “una talla para todos los tamaños”
Un ejemplo puede servir para aclarar esta idea. Supongamos que Plutón se encuentra en la Casa VI, en Leo, y veamos, muy brevemente, de qué forma se va a manifestar este mismo símbolo en las cartas natales idénticas de distintas personas que se encuentren en distintos estados naturales evolutivos.
Al comienzo de la condición evolutiva de consenso, el Alma se encuentra definida por el deseo de pertenecer y de ser considerada parte de su sociedad de nacimiento. Debido a que su conciencia se encuentra poco desarrollada, en términos relativos, el deseo de pertenecer determina que estas Almas, que de hecho constituyen la base material de trabajo de todas las economías, van a aceptar sin cuestionamientos las reglas que imperan en esa sociedad. En esta condición evolutiva-comienzo de la Etapa de Consenso, Plutón en la Casa VI en Leo va a reflejar a un Alma (Plutón) cuya individualidad (Leo) se encuentra sometida a la dinámica del trabajo (Casa VI, la Casa natural de Virgo), sin que exista una capacidad crítica (Plutón en la Casa VI) respecto a esta forma de sometimiento a cualquier condición que se le imponga, incluso aquellas que impliquen una condición de humillación, explotación o degradación de su individualidad (Plutón en la Casa VI en Leo).
En la tercera sub-etapa de la Condición Evolutiva de Consenso, el Alma ha llegado, en forma progresiva, a conocer y comprender la forma en que funciona “el sistema”, la sociedad y la cultura, desde el punto de vista del consenso mayoritario que define a estas sociedades. Por lo tanto, debido a esta expansión relativa de la conciencia, tiene la capacidad para conseguir que “le vaya bien” en los términos de ese consenso. Para un individuo en esta condición evolutiva natural, Plutón en la Casa VI, en Virgo, va a reflejar el resultado de los esfuerzos acumulados de auto-actualización (Plutón en Leo) a través de la dinámica del trabajo (Plutón en la Casa VI), en la cual el Alma ha conseguido discriminar, en los términos de los valores que definen a su sociedad, las vías adecuadas para su propia auto-actualización. De este modo, ha conseguido, como fruto de sus esfuerzos, obtener posiciones de relativo poder, reconocimiento, o prestigio (Plutón en Leo). El Alma tendrá un fuerte sentimiento de su valor y del poder de su esfuerzo personal, y sin embargo, se sentirá esencialmente frustrada por cuanto sentirá que el relativo reconocimiento y aclamación que recibe no son proporcionales a su verdadero valor (Plutón en la Casa VI en Leo), lo cual, en esta condición evolutiva, se va a traducir en una intensificación de sus esfuerzos, a través de su trabajo, hasta el punto de mantenerse crónicamente ocupada, volcando su sentimiento de importancia personal (Plutón en Leo) a través de una lista interminable de cosas por hacer, en la cual su propia individualidad (Plutón en Leo) queda situada en el último lugar de la lista (Plutón en la Casa VI). Al término de esta sub-etapa, estos mismos símbolos indican que se está preparando una crisis, o una serie de crisis (Plutón en la Casa VI), que se originan fundamentalmente en que la orientación hacia la dinámica del trabajo se basa en las definiciones, valores, formas de pensar, etc., del consenso, las cuales han mantenido el sentimiento de la verdadera individualidad de la persona en el último lugar. En este punto, la persona comienza a sentir que el tipo de aclamación a sus esfuerzos y logros no sólo es menor de lo que esperaba (Plutón en Leo), sino que ni siquiera es suficiente para alimentar su sentido de propósito y su deseo de continuar actualizándose a sí misma a través de la dinámica del trabajo. En este punto, el Alma comienza a sentirse vacía, y a sentir que su vida está dejando de tener sentido y significado (Plutón en la Casa VI), dando paso a un profundo análisis (Plutón en la Casa VI) sobre cuáles son las razones para sentirse de esto modo, que dará lugar, posteriormente, a un cuestionamiento sobre cuales han sido los motivos por los que ha dejado de lado su verdadera individualidad, de la que está teniendo vislumbres.
En la segunda sub-etapa de la condición evolutiva individuada, estos símbolos van a reflejar a un Alma que, sintiendo que no pude integrarse socialmente por el temor a perder su verdadera individualidad, vuelva su sentido de propósito a criticar “el sistema”, y a motivar a otros a adoptar esta aproximación crítica, sintiéndose o bien victimizado por la sociedad (Plutón en la Casa VI), o deseando mejorarlo, cambiarlo, o destruirlo, incluso al precio de destruirse a sí mismo en el camino.
En una condición evolutiva espiritual, estos símbolos van a reflejar los deseos del Alma de purgar (Plutón en la Casa VI) todas las ilusiones egocéntricas de grandeza (Plutón en Leo) que han pre-exisitido, a fin de reconocer su verdadera pequeñez frente a las fuerzas inmensamente mayores que el Alma desea conocer y con las que quiere alinearse en esta etapa evolutiva. También reflejará la auto-actualización a través del karma-yoga, el trabajo que está destinada a realizar como expresión de una voluntad superior para contribuir a las verdaderas necesidades de los demás, y de la sociedad.
Así, en los distintos estadios evolutivos naturales el mismo símbolo (Plutón en la Casa VI en Leo) va a manifestar diferentes niveles del arquetipo que se encuentran contenidos dentro del espectro total del arquetipo: no un solo significado general para todas las personas. En el ejemplo, los temas generales, como los deseos de auto-actualización creativa, el fuerte sentido de propósito personal, la necesidad de reconocimiento y aclamación (Plutón en Leo) y la necesidad de discriminación, la dinámica del trabajo, las crisis (Plutón en la Casa VI), se manifestarán dentro del símbolo específico, pero de manera distinta. Asimismo, generarán una psicología distinta, y revelan razones kármicas/evolutivas-una historia del Alma-que es distinta.
La condición evolutiva natural no aparece en la carta. Se determina generalmente en base a las preguntas de la persona. Si una persona pregunta “qué tengo que hacer para ganar más dinero”, y se determina en la conversación previa que esta es una orientación primaria de la persona, entonces uno podrá concluir que esta Alma está en la condición evolutiva de consenso. Si la persona pregunta “qué tengo que hacer para lograr encontrar mi verdadera identidad, y poder desarrollarme de una manera que sea reflejo de quién soy yo realmente”, uno podrá concluir que esta Alma está en una condición o estado evolutivo individuado. Si la persona pregunta “cuándo podré encontrar a Dios”, o “cuándo lograré la iluminación”, entonces se trata de un Alma que está en una condición evolutiva natural espiritual. Sólo determinando la condición evolutiva natural es posible saber qué significan los símbolos de la carta natal. No es “una talla para todos los tamaños”.
Quienes quieren saber más sobre la condición evolutiva natural, y sus etapas y sub-etapas, pueden ver un artículo de JWG, que se llama “La esencia de la Astrología Evolutiva”, y que en una parte trata sobre esto. Está en esta dirección:
http://schoolofevolutionaryastrology.com/school/espanol/la-esencia-de-la-astrologia-evolutiva